Ciencia y Religión


Tres planchas sobre el mismo tema desarrollada por tres hermanos desde tres puntos de vista diferentes:

LA DUALIDAD – CIENCIA Y RELIGIÓN – EL DEDO DE DIOS Y EL PUÑAL DEL DIABLO

 LA DUALIDAD 

A lo largo de la evolución, todos los seres vivos, ajenos por completo a su propia identidad individualidad, han desarrollado en complicidad y enfrentamiento con su entorno natural mecanismos que les garantizaran la supervivencia de sus propias especies.

Esa dualidad de complicidad y enfrentamiento es la base del equilibrio natural de las especies, equilibrio frágil e inconstante que en sus rupturas obliga a nuevas mudanzas, mutaciones y adaptaciones a los nuevos escenarios, provocando una concatenación de cambios en los que siempre ha prevalecido la ley de la supervivencia de las especies que antes y mejor se adaptan a los cambios.

Los vegetales hunden sus raíces en la tierra para alimentarse, sus hojas miran al cielo en busca de la energía necesaria y el fruto germina en coloridas flores fecundadas con la complicidad de otros seres vivos que las visitan para alimentarse devorando muchas veces sus frutos y engendrando nueva vida. El equilibrio de esa dualidad de raíces, hojas; tierra, cielo, complicidad, enfrentamiento; es quizás el secreto de esa perduración en el tiempo de las especies vegetales.

No hay individuos en la naturaleza, sólo anónimos eslabones de largas cadenas conformando un mundo de dualidades en continua contienda para preservar el equilibrio. Un equilibrio dual, efímero y constante, la excepción es la regla de ese equilibrio aparente tantas veces quebrado, ruptura y continuidad, sucesión interminable de muerte y vida apareándose cada día.

Y quiso el azar o la providencia, que una de las varias especies que tuvieron que abandonar su hábitat, adaptarse a nuevos entornos, buscar nuevas complicidades para hacer frente a nuevos enemigos, renegó de las copas arbóreas para pisar la tierra firme, cambio su dieta, alzo sus patas delanteras y evolucionó hacia nuevas fronteras, desarrolló su capacidad craneal y emergió paulatinamente la inteligencia.

Y con la inteligencia llegaron aparejadas dos nuevos elementos que trastocarían la vida de esa especie; la conciencia de su identidad como ser individual, único e irrepetible y la certidumbre de la muerte. Dos ingredientes desconocidos en el resto de los seres vivos, la dualidad de la afirmación y negación, la duda entre certeza de un presente y la incertidumbre de un futuro. La dualidad de ser protagonista y ser espectador.

El hombre dominante y dominado, Dios y siervo de su entorno, alzó a los altares al Sol, al Trueno y al Viento y convirtió en siervos a la gallina, el grano de trigo y la amapola.

Y surgieron las preguntas sin respuestas, la evidencia de su insignificancia y de su superioridad, la convivencia con la ignorancia y su lucha por desvelarla, se armó con la osadía de la curiosidad y se defendió con el miedo de lo misterioso.

La dualidad humada de la fe y la razón tantas veces enfrentadas y siempre unidas, viajeras inseparables del hombre como individuo y como especie, a lo largo de su historia. Fe para creer que existe algo más allá del límite en que cada momento alcanza su conocimiento y razón para trazar los senderos que le conduzcan a desvelar el misterio.

Miremos hacia atrás hermanos. Han pasado ya muchos años desde la noche de los tiempos y los mismos interrogantes que atormentaban a nuestros ancestros en los albores de la existencia, vienen repitiéndose a través de la historia, empecinándonos en convertir la parte en el todo, sin aceptar que somos dualidad en busca de equilibrio.

En nuestro delirio ególatra de sabernos únicos y diferentes nos negamos a aceptar la efímera realidad de la vida, pero tras el espejo de nuestra vanidad, nos devuelve la mirada imperturbable la certidumbre de la muerte y surgen en cascada las preguntas. Y nos faltan respuestas. E inventamos mitos que nos ayuden a sobrellevarlas.

Ciencia y religión, la diferencia entre lo cierto y lo ignorado, una frontera difusa entre respuestas, la eterna lucha entre dominar y ser dominado.

El fuego patrimonio de los Dioses, mientras no fue entregado al hombre, era religión y creencia; en nuestras manos, se convierte en ciencia y conocimiento. Ese fuego que utilizamos para alumbrar la curiosidad en la búsqueda entre las tinieblas, es el mismo que alumbra a los Dioses cuando le suplicamos clemencia.

La curiosidad, unas veces encerrada en el cofre de Pandora, otras en en la manzana de Eva, es la osada alidada en el sendero de la ciencia; el miedo a nuestra incapacidad, es el alimento de la religión que nos ayuda a sobrellevar la propia limitación humana. Pandora y Eva, mitos, religión y ciencia, unidos en la dualidad de la razón y la fe.

No existe el misterio ni el enigma, lo único que tenemos es nuestra ignorancia y sólo aceptando nuestra propia ignorancia buscaremos respuestas; si las hallamos, diremos que hacemos ciencia, pero si a alcanzarlas no llegamos, las imaginaremos y es esa imaginación ilimitada lo que llamamos religión.

La fe es ciencia y es religión, sin fe en lo desconocido no avanza la sociedad, fe en la búsqueda de nuevas respuestas y fe en respuestas sin búsqueda. Hay cinco formas de religarnos con el Origen y el Final, el más humano y primitivo panteísmo, que otorga a la madre naturaleza ese principio y fin de todas las cosas; el deísmo la creencia en un Creador desconocido que nunca estará a nuestro alcance: el teísmo, la interpretación de los mensajes revelados por el Origen; el agnosticismo o la duda permanente del que sabe que no tiene respuestas; el ateismo o la negación del Origen. Cinco formas de re-ligarnos con el Origen, de vivir la religión. Y mientras nos posicionamos en una u otra de estas actitudes, seguimos preguntándonos científicamente quién es el relojero que puso en marcha la máquina exacta de este Universo gobernado por las leyes físicas.

 El principio de la francmasonería es unir lo que está disperso, y lo mismo que en la logia no existe los valores profanos de la humildad ni el egoísmo, ambas actitudes profanas solapadas por la libertad individual, la fraternidad necesaria para ser iguales todos nosotros, abandonemos en pasos perdidos la oposición entre ciencia y religión, unamos razón y espíritu, ya no puede existir la una sin la otra, ambas definen al ser humano y le otorgan el equilibrio necesario para su desarrollo en sociedad, como especie, como lo hacen nuestra viejas familiares las plantas sobreviviendo en el equilibrio entre la tierra y el cielo.

“El edificio se sostiene por lo lleno, pero es útil por lo vacío” Proverbio Taoísta

El conocimiento es el cómodo edificio donde nos hemos instalado y la religión son los vacíos existenciales a los que no hemos encontrado, aún, respuestas. Las dos caras que definen nuestra andadura, inseparables compañeras de viaje desde aquellos lejanos orígenes donde dimos el salto del hombre como especie, al hombre como individuo.

Seguid preguntado hermanos, seguid buscando respuestas, comprobad que cada respuesta encontrada, nos suscita nuevas preguntas, sed racionalistas o místicos, poned vuestra fe al servicio de la ciencia o al servicio de la religión, el desenlace si hay honestidad es siempre le mismo, PREGUNTAS a las que hay que encontrar respuestas retroalimentando la dualidad humana, la necesidad de la quiebra constante del equilibrio para mantener el equilibrio constante.

 EL DEDO DE DIOS Y EL PUÑAL DEL DIABLO 

Yo, como la mayoría he tenido todas las estaciones dentro de mi, quiero decir que por mi cabeza han pasado todos los climas. Primaveras luminosas, donde la luz lo inundaba todo, todo eran promesas de días mejores y la venida del Conocimiento era solo cuestión de esperar, el tiempo pasito a pasito me darían la sabiduría porque la luz era diáfana. Creía.

Luego comenzaron a secarse los arroyos, los prados se tornaron monótonos y las flores que lo inundaban todo desaparecieron, el paisaje se tornaba baldío… mi primavera había desaparecido, la luz sublime y hermosa se torno cegadora y por momentos dolorosa. ¿Donde estaba aquella fuerza vivificadora llana de promesas?. ¿Donde aquel dios que lo inundaba todo y respondía en cada roca, en cada huevo, en cada flor, en cada canto, en cada gota de lluvia.

Poco a poco llegó el estío inmisericorde, el verano, días de calor y polvo, de dudas y desazones. Habría que emigrar, buscar otros valles donde la primavera aún hiciese correr los arroyos, la lluvia fuese mansa y las promesas de días mejores fueran certezas. Peregrinar en busca del Vellocino de oro, tener respuestas a mis dudas sobre las certezas, beber del Grial que saciase mi sed de inmortalidad… tener el conocimiento de ser hijo amado de Dios.

Nada. Contra más buscaba más desierto encontraba, no había oasis donde saciar mis certezas y el polvo de las dudas cegaban mis ojos.

La religión estaba enterrada entre montañas de libros, dios solo era un pensamiento imaginado, frente a la ciencia, frente al puñal duro y frío del diablo, puñal que cortaba, hería, curaba, y, que su lengua de acero podía ser tocada la mayoría de las veces.

El pensamiento abstracto de dios frente al puñal que actúa y es.

No hay reconciliación posible en este mundo, tal lo habrá habido en otra época pero no ahora. Eso sí, queda muy elegante hacer la ecuación de que son posturas complementarias, que sí son compatibles y todo eso. Creo que solo son disculpas para no ver la sequía.

Trataré de volar bajo para que se vea bien la matricula y al piloto, dejaré los altos vuelos abstractos para el hermano Cardinal.

Las páginas más bellas de la historia de la humanidad han sido inspiradas por la religión. Bach, el cuerpo desnudo de la diosa Nut arqueando la bóveda celeste en la tumba de los faraones… mi humilde y sublime románico, el silencio alfombrado de las mezquitas, el canto monótono del chaman junto a la hoguera o bien los pergaminos miniados del Beato de Liebana, o el Apocalipsis en la indescriptible fachada de Conques…. o el silente don del Buda.

¿Qué soy yo sino el trabajo de todo ello?. No reniego, lo asumo y lo amo.

Pero…

Pero si mezclas clorato potásico carbón y azufre en las proporciones adecuadas y acercas una llama tienes todas las posibilidades de que te vueles las manos, seas musulmán o católico de Sydney. A uno y a otro solo se lo tienes que explicar un par de veces para que lo entiendan. Simple. No importa ni el lugar ni la religión.

La religión te da mil, un millón de vueltas para que no lo entiendas o lo comprendas a la primera si no cuestionas el libro de turno.

Los cristianos primitivos nada tienen que ver con los cristianos de Justiniano, ni estos con los de Carlomagno, el cristianismo del siglo dieciocho está a larga distancia del pensamiento católico de 1920 y este del concilio Vaticano de Juan 23, y el del año 2000 sería completamente desconocido para San Ambrosio de Alejandría. Y hablo del cristianismo por poner un ejemplo que todos conocemos, podría servir para cualquier otra.

No logro entender porque tanto barullo para explicar lo inexplicable y justificar lo que no tiene justificación.

Pero lo entiendo,( y me explico). Lo entiendo porque yo he pasado por dicha desazón primaveral, donde la verdad era diáfana y los puntos de duda eran solo ligeros nubarrones de mi ignorancia. En el mejor de los casos el planteamiento era que todas poseían la verdad y que todo era cuestión de vías o caminos, las contradicciones a lo largo del tiempo y la historia eran pelillos sin importancia que había que ignorar por bien de la tranquilidad de la conciencia y del espíritu. No escarbes y así no encontrarás cadáveres, parecía ser la consigna. La religión es pensamiento y como pensamiento es ambiguo, polivalente y abstracto.

Algunos a estas alturas dirá que la ciencia también a cambiado con el paso del tiempo.

Que yo como científico medieval crea que la tierra es plana, o que el átomo como su propio nombre indica es indivisible, es solo una creencia, una hipótesis, no es ciencia, ciencia es hacer que las cosas, las hipótesis se repitan hasta el infinito independientemente de quien las realice sea musulmán, o negro ateo del Bronx.

La ciencia es aséptica, ni buena ni mala. Es.

Un día yo en mi ignorancia creía que la ciencia era mala, que el bien estaba en un gobierno teocrático y en un retorno a las fuentes. No seré yo quien arroje piedras a los que así crean, no lo haré porque yo también lo creí con sinceridad y solo era un sarampión de juventud, una mañana de primavera soñada.

No hay marcha atrás ni camino juntos, agarrados de la mano, eso son vendas en los ojos para reconciliar a todas las partes.

La terrible hermosura de una explosión nuclear, la insulina metabolizando la glucosa, la transformación del hidrógeno y el oxígeno en agua, la doble hélice del ADN, no están reñidos con las creencias religiosas dicen los religiosos. Si yo pregunto que soy me dicen unos, tu era carbono, oxigeno, hidrogeno, agua, calcio, hierro… química. Yo sé, ellos saben que no soy solo eso, hay algo más que pone todo eso en orden. Estoy vivo. Pregunto y me responden que no saben, que no saben porque una vez derrumbado el sistema no puede ponerse de nuevo en marcha, porque llegados a la fase de cadáver el proceso es irreversible. Hipótesis científicas muchas al respecto pero de ciencia nada. Los otros no, afirmarán categóricamente la validez de su verdad que dios el suyo está detrás de todo, si presionas te dicen que es una verdad revelada ¿A quién? Al iluminado de turno, al tocado por el dedo divino, al agraciado con la lotería cósmica de comprender lo incomprensible. Es cuestión de fe, y en algunos casos el dudar de la fe o el no comprender o el alzar la mano para preguntar supone que te apliquen la ciencia pura. Ec= V.m2, energía cinética es igual a masa por la velocidad al cuadrado, si la masa que tenemos es de cien gramos y por una reacción química la impulsamos a una velocidad de 850km/h y ponemos en su trayectoria kilo y medio de cerebro protegido por una carcasa de hueso, tenemos todas las posibilidades que el kilo y medio de materia se desparrame por el campo con dudosas posibilidades de que intervenga dios para detener el proceso. Quiero decir que el debate entre ciencia y religión es un tema estéril.

La ciencia es lo tangible, los hechos y las soluciones a problemas cotidianos o especulativos. La religión siempre es especulativa, emocional, de dudosa procedencia, es la satisfacción a las ansias de trascendencia de esa química ordenada que tiene la facultad de replicarse y que piensa. Por la ciencia pocos han muerto, por la religión, por el mío es más verdad que el tuyo, porque el mío nació en Belén y el tuyo lo encontraste debajo de un cesto, porque ya es hora de que creas por las buenas o por las malas, por el que mi dios es amor y el tuyo tiene cara de mono, por el que has corrido una coma en el texto del Libro sagrado, porque has quitado una coma en el libro sagrado, porque me ha tocado el dedo de dios y sé toda la verdad y nada más que la verdad… por todo ello te reunirás con el, con mi dios aunque tu no quieras.

La ciencia la podemos aplicar bien o mal, eso es problema de ética y de intereses, es neutra.

Los dioses y por ende la religión entran en la esfera de lo privado, no puede salir a la luz pública sin que conlleve la manipulación y la muerte, pues es condición humana el manipular para alcanzar el poder el sexo y el dinero, y si no somos conscientes de nuestras sombras, jamás distinguiremos nuestras luces.

No reniego de todo lo que de hermoso me ha dado el pensamiento religioso, de todas sus obras de cohesión social y aveces de poner freno a nuestro natural desenfreno, seguiré mostrando respeto ante la mezquita y seguirá mi espíritu, si es que lo tengo, emocionándose con la música de Bach, cantada con fe firme a dios, su dios, seguiré admirando la belleza de la diosa Nut arqueada sobre la bóveda de la tumba egipcia, defenderé la esencia de mi pensamiento occidental en los capiteles románicos y en los arcos ingrávidos de nuestro gótico que apuntan al cielo buscando la elevación del espíritu, sin complejos escribiré poemas a la Madre, a la Diosa, como lo hicieron mis antepasados del neolítico, hombres como nosotros, como yo, que se preguntaban esperanzados con cada invierno, si de nuevo regresaría la primavera.

Nada sé. Cada día dudo más, por eso tal vez esté con vosotros, para espantar mis propios fantasmas en compañía.

La ciencia me aporta bienestar, confort y satisface mi insaciable curiosidad, cada recodo es una nueva sorpresa, me sigue sorprendiendo el ver germinar las bellotas en Abril, y que mi móvil, de forma incomprensible me ponga en contacto con los que amo. Me reconforta que un hombre como yo si se lo pregunto con interés me responderá el porqué y el cómo funciona el chisme, sin especulaciones, sin dogmatismo y yo podré comprobarlo una y otra vez, sea lo que sea y piense lo que piense.

Me gustaría terminar con un poema que escribí hace algún tiempo, tiene de original que no es nada original, está dicho desde la oscuridad de nuestra especie, manoseado desde que el hombre alzó la vista en las noches estrelladas y vio de forma distinta la cambiante faz de la Luna.

Dentro de mi el me observa,

siempre callado,

siempre en silencio.

A veces pregunto:

-¿Quién eres?.

Y a veces responde:

– ¿Quién pregunta?.

 CIENCIA Y RELIGIÓN 

He titulado esta plancha “Ciencia y Religión” e inmediatamente me he percatado de la dificultad que presenta, no sólo porque las cuestiones abordadas sean colosales, sino por lo resbaladizo del lenguaje asociado a ella.

Por alguna razón nuestra mente asocia la idea de Dios con religión y con iglesia, y la de ciencia con descubrimiento científico y método empírico. De estas asociaciones nacen muchos falsos antagonismos y presunciones de nuestra conducta diaria.

He decidido abordar la plancha desde un pensamiento que leía en la última página de la obra “La historia del tiempo” de Stephen Hawkins. Dice Hawkins que: estudia el universo para conocer mejor el pensamiento de Dios.

Suscribo plenamente la frase de Marx, de que: la religión es el opio del pueblo. Las religiones como estructura de poder, no tiene nada que ver con Dios ni buscan conocer a Dios, sino someter al hombre aprovechándose de su angustia existencial. Someten al hombre a la dictadura de su poder. Su antagonismo histórico con la Ciencia se basa solamente en que la Ciencia es un instrumento que merma su poder y hace a los hombres más libres. Porque la Ciencia destruye las supersticiones y es creadora de nuevas metáforas y paradigmas. El antagonismo no es por tanto entre pensamiento religioso y ciencia, sino entre Ciencia e Iglesia.

No me siento atraído por ninguna religión salvo en aspectos puntuales como los del budismo que confluyen con el cartesianismo del “pienso, luego existo”  y la base de la filosofía moderna. No sé si la verdad absoluta existe y si en tal caso es el vacío. Si creo que mi final absoluto es el vacío, la nada. Nada hay tras la muerte y sólo soy pensamiento contenido en una mortaja biológica con fecha de caducidad. Sufro la angustia existencial de la soledad absoluta y quizás por eso busco refugio en la Masonería, donde los hombres al menos nos esforzamos en dignificar este denigrante paso por el sin sentido de la vida, sometidos al capricho silencioso de un ser supremo desconocido.

He intentado vivir sin religión y no he tenido problema. He intentado vivir sin Dios y he fracasado rotundamente. Me ha parecido tarea de superhombre poder prescindir de Él cuando la vida te pone de rodillas y te muestra su lado más ingrato. Aún me ha resultado más difícil cuando en estado de cierta paz interior he mirado al cielo y me he estremecido por su belleza y su silencio infinito e insultante. No sé si alguien en sosos momentos es capaz de prescindir de Él y del consuelo que su sola invocación produce, pero si lo hay, lo admiro por ello, porque el es un hombre más libre que yo. Yo también quiero conocer el pensamiento de Dios, pero no tengo la mente brillante de Hawkins para acercarme a los misterios de los universos infinitos o infinitesimales y por ello me tengo que conformar con llegar a fin de mes.

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3 pensamientos en “Ciencia y Religión

  1. Pingback:   CIENCIA Y RELIGIÓN by dieta.Medtrials.info

  2. M.·. M.·. Jose David Santana Alaniz

    he leido el libro de Stephen Hawkins “La historia del tiempo” y en efecto el nos comunica que: estudia el universo para conocer mejor el pensamiento de Dios.

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