El Masón y la Divinidad


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 Empecemos como es costumbre con la definición de la Palabra Divinidad que proviene del Latín DIVINITAS-ATEM, que significa según el Diccionario de la Real Academia: Naturaleza Divina y esencia del ser de Dios, Ser Divino que las diversas religiones atribuyen a sus Dioses

Los seres humanos de todos los tiempos alguna vez nos hemos preguntado si Dios existe, ya que el conocimiento y la conciencia que tenemos de nosotros mismos no supera el horizonte de nuestros sentidos y no es raro que fracasemos en encontrar una respuesta o demostración a todo lo que nos sobrepasa y trasciende y como ser creado no podemos concebir sino lo que existe o es.

También el hombre se ha hecho y sigue haciéndose la triple y eterna pregunta: “¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?”

Para responder esa pregunta esencial que está en la base misma de la esencia humana, las religiones han puesto la existencia de un Espíritu Divino Universal, del que la humanidad, como ya mencioné, no es sino la manifestación más visible.

Toda afirmación supone una noción preexistente, y una negación una afirmación previa. Esto significa que sin la idea anterior de un Principio Universal, no existirían ni deístas, ni ateístas, ni politeístas, así por ejemplo el ateo, para negar a Dios ha necesitado primero suponer su existencia

Y Realmente Dios no existe si por existencia entendemos cualquier modo condicionado del Ser; si en este sentido Dios existiera, no sólo ya no sería Infinito y Eterno (ni tampoco el Creador, el Absoluto), sino una criatura, algo creado en suma.

Ciertamente las limitaciones del lenguaje humano y racional son las primeras en obstaculizar la expresión de nociones que están más allá del alcance de la definición y la dialéctica, pues toda definición es ya una limitación de la Realidad Ilimitada.

Todos los seres somos letras cuya reunión forma un discurso que prueba la existencia de Dios (o sea la presencia de Dios en todo), es decir la “Inteligencia” que pronuncia ese discurso; ya que no puede haber discurso sin verbo, ni nada escrito sin escritor.

En la Masonería se reconoce la existencia de un principio superior ideal que denomina, El Gran Arquitecto del Universo, tal reconocimiento de un principio originario y de una causa primera deja a cada uno de los masones sus puntos de vista particulares sobre la naturaleza del mismo, absteniéndose de todo acto confesional, por tanto, no prohíbe ni impone a sus miembros ninguna convicción religiosa y rechaza toda afirmación dogmática y todo fanatismo.

Para la Masonería la Naturaleza es una manifestación de Dios, al que como ya dije llamamos El Gran Arquitecto del Universo y haciendo uso del lenguaje simbólico, nos dice que la Naturaleza es un Templo, pero que es un templo en construcción, que se edifica de acuerdo con los planos del Gran Arquitecto del Universo, que se vale de todas sus criaturas para realizar su obra.

Por otra parte, la moral es la esencia de la Masonería, de tal forma, que sin ella es inconcebible. La moral masónica es dinámica y no se reduce a una contemplación pasiva del bien, sino que pregona un activo combate contra el mal y exige de todos sus miembros la tolerancia, a fin de garantizar el ejercicio de la libre investigación de la verdad, así pues el masón debe vivir honradamente, amar a sus semejantes y trabajar sin descansar por el bienestar de la humanidad y por su progresiva y pacífica emancipación.

En el ASPECTO INDIVIDUAL, se considera que la condición masónica se adquiere cuando el que aspira a serlo se halla dispuesto a seguir la senda de la virtud y la verdad, tiene la mente exenta de errores y prejuicios y la conciencia tranquila; no es esclavo de vicios y pasiones.

El hombre que ingresa al mundo masónico, llega a él procedente de una sociedad en la cual reinan la envidia, el fanatismo, la discordia; el egoísmo, la vanidad, la injusticia y otras pasiones que lo degradan y lo esclavizan, por lo que, como hemos visto en otros trabajos en donde constantemente hago referencia al Acto Iniciático, necesita morir para ese mundo y renacer en otro distinto, en el que impere la virtud y se practique la fraternidad.

Se ingresa a la Masonería para desarrollar lo más noble y elevado que existe en nosotros, para compartirlo con nuestros hermanos y ponerlo al servicio de la humanidad.

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