La búsqueda interior


Prologo:

El escrito anterior: “La Búsqueda Secreta” del 16 de octubre del presente año, me dejo varias ideas flotando en la mente, que no pude “plasmar” en palabras. Hoy pretendo expresarlas teniendo siempre en cuenta que solo son reflexiones personales donde un estado de consciencia me exige escribir para acercarme a la comprensión.

“LA BÚSQUEDA INTERIOR”

Vivimos cada segundo de muestra vida sin ser plenamente conscientes de la realidad de los eventos y de cuanto somos, y en ocasiones de repente o gradualmente despertamos a la realidad cierta ante el estímulo de alguna experiencia y nos damos cuenta que no somos lo que pensamos ser, observamos las personas que nos rodean, y sus histriónicas actitudes nos hacen reflexionar sobre nosotros mismos descubriendo nuestra real identidad y nuestro propio autoengaño.

Personalidad quiere decir mascara. Aquello que no forma parte de nosotros, sino que está adherido a nuestro rostro ocultando nuestra verdadera identidad. El ser humano es un ser incompleto e inacabado que siempre está en busca de su complemento o de aquello que le falta para sentirse realizado. El hombre consciente o inconscientemente sabe lo anterior, y busca aquello que le lleve a ese estado de  estado de plenitud armónica entre sus “cuerpos” material, emocional, mental y espiritual que análogamente vienen siendo los cuatro mundos de la Cábala, donde cada uno de ellos se toca y comparte cierta área común e información con el “mundo” inmediato anterior y posterior.

“Harás un candelero de siete brazos de oro puro conforme al modelo que te mostré en lo alto de la montaña” Ex. 25. El modelo del candelero o “Menorah” de siete brazos que “Jehovah Dios” le muestra a Moisés, no es otra cosa que la Cábala en una forma diferente al ampliamente conocido como árbol sefirótico, que entre otras cosas, es un símbolo alegórico del hombre, el cual porta en su “Atziluth” (1)  la parte más alta de sí mismo, su “inconsciente” o “mundo arquetípico”, el modelo  del ideal que el hombre que cree y pretende ser.

El inconsciente individual como colectivo, es el arcón de donde han emergido todos los dioses y demonios arquetípicos que el hombre ha tenido y vestido con el ropaje de los tiempos y cultura en que está viviendo. Deidades que habitan en el ser humano en forma de fuerzas y pulsiones, que motivan o afectan en diferentes forma e intensidad nuestra vida y la percepción de lo que el “yo” cree o pretende ser.

“Los cielos hace temblar la tierra, como la tierra hace temblar los cielos”. El modelo que el hombre porta y el hombre mismo, se afectan mutuamente, y ambos se modifican, agregan y eliminan constantemente su propia realidad, pero esto no termina ahí, sino que se extiende aún más, afectándose también en lo general como en lo individual de la humanidad.

El hombre difícilmente acepta por sí mismo la certeza de su propio conocimiento, y busca en el resto de la humanidad la “confirmación” de su  propio saber. Esto lleva disimuladamente u oculto dos pulsiones de la naturaleza humana, el “gregarismo” y la necesidad de ser “aceptado”.

La vida nos muestras diariamente los que somos, lo que poseemos y lo que carecemos, pero que en ocasiones no queremos o no podemos ver, porque  la “personalidad” y la “aceptación del grupo”, nos brindan confianza, seguridad y estabilidad en nuestra psique, de tal modo que lo anterior nos lleva consciente o inconscientemente a presentar resistencia a todo cambio, o en últimos términos a defender nuestra posición real o irreal.

El hombre discrimina, acepta, rechaza o ataca todo según el grado de coincidencia o divergencia con el “modelo” e “Ideal” de lo que  él cree o pretende ser. Gran parte de la realidad que el hombre percibe, incluyendo a sus propios dioses, son en gran parte proyecciones de él mismo. Dioses como seres perfectos en la imaginación del hombre, que no reflejan exactamente lo que él hombre es, sino sus propias necesidades y deseos de ser.

Friedrich Nietzsche lejos de ser un ateo como muchos creen, era un fiel creyente de Dios que proyecto en sus propios términos, su propia idea de Dios en el “súper-hombre” u “hombre perfecto” de sus escritos, que no es otra cosa que el “ideal” o “modelo” oculto en lo profundo del inconsciente humano y colectivo que tiende a cobrar manifestación como pulsiones de evolución y perfección humana… Porque el hombre podrá ser imperfecto, pero es perfectible. El problema del hombre respecto a Dios, no es el Dios mismo, sino el concepto o idea que el hombre tiene o se ha formado de él.

La búsqueda eterna del hombre es Dios, porque el encuentro y unión de ambos representa la realización del ideal en el hombre mismo.

El dios del hombre, está formado por dos proyecciones, el del hombre mismo y el “Dios Primero” el cual por su inmanencia y trascendencia cósmica se pierde en lo infinito y solo se intuye su presencia al “sentirlo” como una “pulsión” o “idea arquetípica” que emerge desde el infinito inconsciente hasta el consciente humano; Aquí cabe una aclaración: El cabalista cuando habla del infinito, no se refiere a aquello que no tiene límites, sino aquello cuyos límites no le es posible alcanzar a ver.

La búsqueda de la esencia real del ser humano, lleva a aceptar la existencia del alma y de Dios, pero el problema del hombre sobre estos dos aspectos que son uno solo, repito: no radica en ellos, sino en la idea y conceptos que el hombre se ha formado sobre ellos.

Busca al hombre y encontraras a Dios. Busca a Dios y encontraras al hombre. Para una gran mayoría de personas, Dios es una pulsión interior que lo impulsa hacia la búsqueda de la espiritualidad. Es una necesidad humana que exige un satisfactor. Fuera de toda discusión sobre si existe o no Dios, este es un ser o personaje importante en la vida de la humanidad que no debería ser ignorado ni atacado, sino estudiado y explicado dentro del contexto humano. La historia de la humanidad nos confirma su importancia al narrarnos importantes sucesos que han provocado y provocan aún hoy en día, fuertes y traumáticos cambios geopolíticos, económicos y sociales entre otros más, teniendo como trasfondo y pretexto humano a Dios.

La aceptación de una esencia humana llamada “alma”, “espíritu” o Dios mismo, podría tener oculta la pulsión principal de todo ser viviente, la “sobrevivencia”. En la cual, la existencia de Dios nos aseguraría continuar viviendo aún después de nuestra muerte biológica. Sea esto cierto o no, aporta una estabilidad y armonía a nuestra psique. Por lo pronto y solo por hoy, como dijo Epicuro: “Comamos y bebamos, que mañana moriremos” (2).

 

“Spes Mea In Deo Est” (3).

Nota:

Palabras, símbolos y alegorías no son verdades por sí mismos, solo señalan hacia ella.

El presente son reflexiones y meditaciones personales, no necesariamente representan la opinión de la orden.

No escribo para todos, sin embargo, todos son invitados a leer.

(1).-Atziluth.- Mundo Cabalístico de los arquetipos, o mundo de las emanaciones, el mundo divino.

(2).- Epicuro (griego de Samos, aproximadamente 341 a. C. – Atenas, 270 a. C.) fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo racional y el atomismo.

(3).- Spes Mea In Deo Est.- La Esperanza de los hombres está en Dios.

 

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