La búsqueda secreta


Objeto y sujeto se vuelven uno en el fenómeno de la manifestación. Para el ser humano, nada existe fuera de su consciencia, de tal modo que el universo solo existe en la medida que el hombre lo percibe y lo experimenta.

Una  flor como la “Rosa”, bien podrían tener una forma armónica y proporcionada, textura suave y aterciopelada, color rojo intenso o una blancura virginal, aroma agradable al olfato y belleza sublime a la vista. Pero estas características no tienen existencia real sino que son producto de nuestros sentidos y consciencia, pero el hombre va más allá hacia lo subjetivo, y le otorga además un valor simbólico de amor al ofrecerlo como tributo u homenaje a un ser amado, y se extiende aún más hacia el plano místico o espiritual cuando se refieren a ella como “La Rosa de Sarón y El Lirio de los Valles” haciendo referencia a Jesús el Cristo.

El hombre para atribuirle cualquier valor o cualidad a la “Rosa” como a cualquier objeto, persona o evento, es menester experimentarlos subjetivamente en él mismo.  Nuestra consciencia y mente han venido haciendo esto desde que nacimos, de tal modo que no nos detenemos a ser conscientes del proceso de percibir y experimentar, sino que lo hacemos automáticamente en fracciones de segundo o en un tiempo indeterminado.

El hombre busca aquello que conoce o intuye su existencia. A Dios nadie ni aún Moisés lo ha visto jamás, porque No tiene una realidad objetiva o concreta, sino que es un “ideal” abstracto de perfección, y cuya búsqueda o realización no es posible encontrarla fuera del hombre, porque es “algo” subjetivo que solo puede encontrar existencia en el interior humano, esta es la búsqueda secreta, interior, personal y espiritual, donde el hombre experimenta en diferente grado y forma la divinidad de su Dios.

La búsqueda de Dios por el hombre, Es la búsqueda de él mismo, de su propia y verdadera identidad, porque toda realidad humana solo existe en el interior del hombre. Todo cuanto percibimos y comprendemos, nos refleja a nosotros mismos, porque en últimos términos, son obra de nuestros sentidos, consciencia y mente, nosotros somos los “escultores” de nuestra propia realidad.

Aceptar que somos “polvo de estrellas” es muy pobre. Nuestro cuerpo biológico es nuestro soporte y fundamento de nuestra psique, pero el “yo” que nos identifica va mucho más allá de la materia organizada, y busca refugio o identidad en nuestro propio pensamiento o mente… De ahí la frase de René Descartes: Cogito Ergo Sum”.

Somos seres espirituales o mentes conscientes si prefieren llamarle así, que partimos desde cuerpos materiales altamente organizados con células, tejidos, órganos y sistemas biológicos que culminan con un maravilloso sistema cerebro espinal, y más específica y particularmente el órgano llamado “cerebro” que nos ha permitido obtener y evolucionar como consciencia y mente… ¿Sera acaso el cerebro la alegórica manzana que Adán comió en el jardín del edén cobrando consciencia de su desnudez?

El ser humano nace con un grado de consciencia biológico, que despierta ante los estímulos de nuestras fuerzas instintivas que jamás nos abandonaran, y conforme crecemos, nuestra mente y consciencia evoluciona a través de nuestras experiencias vivenciales.

Consciencia y autoconsciencia. La primera nos vuelve conscientes del universo que nos rodea y de nuestra existencia dentro de él. La autoconsciencia la definen como poseer consciencia de nuestros propios estados, recursos y facultades que poseemos, pero más claramente es ser consciente de la acción de nuestra consciencia… Porque al final de cuentas, podríamos llegar a la conclusión de que somos consciencia.

“Dios deseo conocerse y para observarse a sí mismo, formó un espejo llamado humanidad” (1). El hombre es algo similar, y se observa a sí mismo a través de lo observado, pero no siempre es así, sino que observa sin ser consciente de su estado como observador. El hombre crea su propia realidad de la realidad que observa o percibe. Y en ese proceso se descubre a sí mismo al volverse observador y autocritico de sus propias creaciones.

La psicología actual define al “ego” como el “yo”. Que viene siendo esa parte de nuestra mente que administra nuestra relación con el universo que experimentamos. Pero es un “Yo” o “Ego” que no refleja exactamente nuestra verdadera identidad, porque fue modelado por las exigencias de nuestras propias fuerzas inconscientes, más las exigencias de la sociedad según el tiempo y espacio en donde vivimos.

La relación de “Dios” y “hombre”, es la misma que la relación que guarda “alma” y el “hombre-ego”. Dios trata de conocerse observando su imagen reflejada en la humanidad, y el alma del hombre hace lo mismo tratando de conocerse observando el actuar y sentir del “hombre-ego”.

La pulsión secreta del hombre, es la búsqueda de Dios, porque éste es en últimos términos su verdadera realidad de sí mismo, o al menos su realidad ideal que desea llegar a ser. Porque ambos son una misma cosa y un solo ser, porque no hay nada más. De ahí que al pregunta Moisés a Dios por su nombre, él responde: “Yo Soy Yo”, ya que no puede ser Pedro, Juan o maría, porque no hay nada ni nadie después de él. Solo existe Dios expresándose y experimentándose en múltiples formas, y convirtiéndose en el ideal más elevado y perfecto que el hombre imagina y desea ser.

Dios es el subconsciente cósmico. Como el verdadero  hombre permanece oculto en el subconsciente humano. Ambos, Hombre y Dios son solo uno solo, esforzándose en experimentarse para llegar a conocer su propia capacidad y potencialidad a través del proceso evolutivo de la vida.

El problema de muchos hombres, es el concepto o idea que tienen de Dios, y sobre todo, que han dejado de buscar, y en forma indolente y en un estado de confort reprobable, aceptan las ideas que las religiones han depositado en sus mentes. Estos conceptos, ideas y cualidades que los religiosos le han asignado a Dios lo han vuelto inalcanzable para todo ser humano.

Para conocer a Dios, solo existen dos alternativas. Que Dios se convierta en hombre o que el hombre se convierta en Dios. Y según la biblia, Dios ya se hiso hombre: “Y el Verbo (logos) se hizo hombre y habitó entre nosotros” Jn. 1:14.  Ahora solo falta que el hombre se convierta en Dios… Atrevidas palabras que en tiempos pasados sería motivo para que la “Santa” Inquisición con su rígida e intolerante mente que posee, decretar mi muerte en la hoguera e infligiendo como muchas veces lo hiso, el quinto mandamiento de la ley de Dios: “No Mataras”. Pero negar la posibilidad de que el hombre algún día llegue a ser uno con Dios, es negar la estirpe y linaje divino del alma humana como una emanación o hijo de Dios.

El hombre para encontrar a Dios, primero debe ser libre. No es posible alcanzar a Dios caminando con pies ajenos, y mucho menos con cadenas en los tobillos de miedos a un infierno eterno y a demonios que solo existen en la mente de quienes lo pregonan, o de un Dios vengativo y cruel donde sus deseos que emergen de la boca de los religiosos, deben seguirse al pie de la letra, porque de lo contrario la ira de Dios será sobre ellos… Cada quien tiene sus propios Dioses y demonios, y el de los religiosos no son los míos.

Conclusión:

El hombre ha tenido y tiene muchos Dioses, sin embargo, Dios la causa primera permanece inefable por ser incognoscible para el ser humano. El presente no habla del “Dios primero”, habla del “Dios del hombre”, del alma, consciencia y mente humana, porque el hombre solo se tiene a sí mismo para encontrar respuestas, y él mismo es la llave para comprender todos los misterios del hombre, universo y Dios. Negarse este legitimo derecho por temor a ofender una inteligencia suprema o deidad alguna, es una estupidez que minimiza a cualquier deidad, sería tanto como si nosotros como adultos nos ofendiéramos por algún comentario infantil de algún niño.

Intenta buscar respuestas más allá de la simplicidad de lo aparente. No asumas palabras ajenas como ciertas sin antes haberlas pasado por el discernimiento de tu mente, lógica y razón. Las palabras son importantes, pero no tanto como la idea que intentan transmitir. El problema del hombre sobre la idea y concepto Dios, es que no ha comprendido la idea fundamental de la palabra Dios, y sobre todo, que Dios no tiene religión, ni es mercancía de nadie…Sino que es universal.

Una gran mayoría de personas que siguen el sendero del misticismo, y que es común encontrarlas en ordenes y fraternidades como “La Rosacruz” o La “Masonería Escocesa” entre otras,  aceptan la existencia de Dios bajo la óptica “Deísta” (2), y fue a una de ellas que escuche a una Sóror decir: Dios es un estado de consciencia”… A lo que se le podría agregar: Todo es consciencia, el hombre, el universo y Dios.

“No saben, no entienden,   caminan en tinieblas; Tiemblan todos los cimientos de la tierra. Yo dije: Vosotros sois Dioses,  y todos sois hijos del Altísimo. Sin embargo, como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis. ¡Levántate, oh Dios, juzga la tierra!  Porque tú heredaras todas las naciones” Sal. 82: 5-8.

Jesús el Cristo repite: “Yo os dije, vosotros sois Dioses”  Jn. 10:34.

 

Homo Est Deus

Pax Vobiscum.

 

Nota:

Palabras, símbolos y alegorías no son verdades por sí mismos, solo señalan hacia ella.

El presente son reflexiones y meditaciones personales, no necesariamente representan la opinión de la orden.

No escribo para todos, sin embargo, todos son invitados a leer.

 

(1).- Kábala y Psicología.- Zev Ben Shimon Halevi.

(2).- Deísmo es la postura filosófica que acepta el conocimiento de la existencia y la naturaleza de Dios a través de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de los elementos comunes de las religiones teístas como la revelación directa, la fe o la tradición. Dios es un Creador u Organizador del universo, es la Primera Causa. En palabras más sencillas: un deísta es aquel que se inclina a aseverar la existencia de Dios, pero no practica ninguna religión, 1 y además niega la intervención de Dios en el mundo.

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